Gas natural

El gas natural es una mezcla de gases en la que predomina el metano (entre un 70-95% de su composición), aunque también suele incluir porcentajes variables de etano, propano, nitrógeno, dióxido de carbono, sulfuro de hidrógeno, helio y argón. Se trata de una fuente de energía fósil, no renovable, que se utiliza como combustible doméstico e industrial. 

¿Qué es el gas natural?

El gas natural, desde el punto de vista de su composición química, es un hidrocarburo, al igual que el petróleo y el carbón, pero en este caso en estado gaseoso. 

Otra respuesta a la pregunta “¿qué es el gas natural?” es que es un combustible fósil, no renovable, de alto poder calorífico y en 2020 se le considera responsable del 23% del consumo energético mundial, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). 

Este tipo de gas es una de las energías primarias de utilización más reciente, hasta la segunda década del siglo XX no empezó a comercializarse en los Estados Unidos, país pionero en su producción y consumo. En Europa se empezó a utilizar después de la Segunda Guerra Mundial, y hoy el viejo continente es abastecido de gas natural por redes de gasoductos que recorren miles de kilómetros.

Los yacimientos de gas natural se pueden encontrar encima de bolsas de petróleo o en reservas independientes y aisladas de otras materias primas. Existen yacimientos de gas natural en todo el mundo, pero los países con mayores reservas son, entre otros, Estados Unidos, Canadá, Rusia o Argelia.

Origen y transporte del gas natural

El gas natural, como el resto de los hidrocarburos, se formó hace millones de años entre los sedimentos de materia orgánica (plantas y animales) en descomposición alojados en el subsuelo terrestre, que se degradaron sin contacto con el aire, a altas temperaturas y bajo fuertes presiones. Los gases generados por la descomposición se filtraron y atravesaron distintas capas de terreno de diversa consistencia, hasta llegar a una zona de material impermeable donde quedaron atrapados en grandes bolsas o yacimientos de gas natural.

El proceso de extracción es muy parecido al del petróleo, dado que ambos se extraen mediante la perforación de pozos para después ser procesados, en el caso del petróleo mediante la destilación fraccionada conocida como refinación y en el caso del gas natural mediante distintos procesos como la licuación o la deshidratación.

El transporte del gas natural se realiza habitualmente mediante gasoductos hasta los centros de consumo, aunque también puede transportarse en barco –barcos metaneros o criogénicos– una vez convertido en Gas Natural Licuado (GNL).

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Usos y aplicaciones del gas natural

El gas natural se utiliza como combustible doméstico e industrial sobre todo por su alto poder calorífico. Además, su combustión es regulable y produce mucho menos CO2, casi la mitad, que los restantes combustibles fósiles. 

Estos son los usos más destacados del gas natural:

  • Calefacción, aire acondicionado, agua caliente sanitaria y para cocinar, tanto en usos domésticos como empresariales.

  • Generación de electricidad a través de las centrales de ciclo combinado.

  • Combustible para buques y transporte marítimo como Gas Natural Licuado (GNL).

  • Combustible para vehículos terrestres como Gas Natural Licuado o Gas Natural Comprimido (GNC y GNL).

  • Procesos industriales y fabricación de abonos.

También se puede utilizar el gas natural como materia prima para la obtención de derivados como amoníaco, metanol, etileno, butadieno y propileno.

En España, el principal consumidor de gas natural es la industria, hasta un 56% del total de la demanda según datos de 2021 de Enagás, el operador de la red de transporte de gas natural. Tras el uso industrial, la generación de electricidad acaparó el 24,7% de la demanda de gas natural, seguido del uso doméstico y comercial (el 15%), y el resto se destinó a la carga de cisternas de gas licuado para plantas satélites de gas.

Gas natural y medio ambiente

La combustión del gas natural produce CO2 en menor cantidad que otros combustibles fósiles, y además se quema de una forma más eficiente y segura, sin producir dióxido de azufre ni partículas sólidas. 

Por contra, los escapes de gas natural crudo suponen un aporte muy significativo de gases de efecto invernadero, ya que el metano –el principal componente del gas natural– contamina hasta 25 veces más que el CO2.

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